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x Gloria Fernández
Especial para Rebelión

   

Falseando el periodismo de investigación

 

 

En estas últimas semanas asistimos impasibles a otro gran fraude en el panorama mediático del Estado español. Un fraude evidente que sobrepasa a todos los que diariamente se cometen en la relación Poder-Prensa: asistimos atónitos a la congratulación que desde diversas esferas de Galiza y España se hace porque El Mundo TV retome el más genuino periodismo de investigación. El reportaje emitido en la noche del pasado lunes 8 de octubre en Telecinco fue la gota que colmó todos los vasos posibles, cuando se mostró una clara y VERGONZANTE comparativa entre lo que se considera Periodismo de Investigación, y entre "eso" que hacen los profesionales de este nuevo medio televisivo.

1. No se denuncian aspectos comprometidos de los sujetos que ocupan el Poder

Dicen los estudiosos que el periodismo de investigación nace en los USA de aquellos muckrakers (ratones que remueven entre la mierda, literalmente) que se encargaban de poner al descubierto las irregularidades de la época Roosevelt. Queda bien definido, ya desde el principio, el objetivo general que debe regir la investigación periodística: hurgar en los asuntos oscuros que silencian las personas con poder, y que son de sobrado interés público, tanto como para que el periodista se dedique a profundizar en ellos.

La comparación se hace especialmente odiosa. El reportaje del lunes trataba la situación de Euskal Herria desde el punto de vista de los familiares de las víctimas de atentados, y ponía dramáticamente de manifiesto la "falta de derechos" a la que se someten cuando no se les permite organizar misas-homenaje a los fallecidos. ¿Hay alguien en todo o territorio mediatizado de España que todavía no conocía este tipo de asuntos? ¿Podía definirse, por tanto, como un tema propio del periodismo de investigación? Y el enfoque con que estos profesionales abordaron su trabajo tampoco se puede calificar de independiente y periodístico, en el sentido en que reproducen al milímetro las consignas estatales férreamente marcadas cuando se habla del conflicto vasco. Un ejemplo, sacado precisamente del final del reportaje, cuando aparecían en una lista los datos aparentemente objetivos del número de personas que tuvieron que abandonar el territorio de Euskal Herria "por sentirse amenazadas", y con una versión instrumental del Eusko Gudari de fondo sonoro. ¿Qué hay de los presos políticos llevados a las cárceles más lejanas de una tierra que también es la suya? ¿Y de las palizas que reciben durante su estancia en prisión? De este tipo de temas, ni hablar. He ahí una de las grandes falsedades del periodismo de investigación que ahora nos pretenden vender para sanear sus conciencias de periodistas, y las nuestras de espectadores ante una pantalla de televisor.

2. No se contextualiza el conflicto

Prácticamente todo el reportaje, como ocurrió con los anteriores, consiste en pillar in fraganti a las personas principalmente implicadas en el tema que presuntamente se quiere denunciar. No hay, por lo tanto, nada más allá del presente, de lo captado (fraudulentamente) por las cámaras en un aquí-ahora tan simple que llega a falsear la complejidad real. Los productos que Telecinco le compró a El Mundo TV adolecen de la imprescindible documentación histórica, de la siempre necesaria contextualización de causas, efectos e incluso consecuencias del propio producto que todo periodista debe, bajo mi punto de vista, tener en cuenta cuando aborda un exhaustivo trabajo de investigación. Aunque las limitaciones de tiempo son graves en todo preparado televisivo, seguro que los encargados de montar el reportaje podrían haber encontrado el camino ideal para sintetizar la historia más reciente del conflicto vasco, y dar cabida en ella a las versiones de todas las partes que actúan en él.

3. ¿Aporta algo novedoso?

Un buen trabajo de investigación tiene, por lógica obvia, el objeto de revelar algo hasta esos momentos oculto. Pienso que no me equivoco si hablo de que el 99,99 por ciento de la población recogida en el censo del Estado conoce sobradamente la versión oficialista de la situación en Euskal Herria. Sabe absolutamente todo lo que se le trató de mostrar en el reportaje del 8 de octubre. Conclusión: si no nos sirve para incrementar nuestro conocimiento, entonces es que estamos como mucho ante una función televisiva de divertimento. Puro ocio. Así que, de periodismo de investigación, ni rastro.

4. Actores de poder: manipuladores en la sombra en lugar de individuos denunciados

Otra de las condiciones sine qua non de las que habla, en este caso, el periodista colombiano Gerardo Reyes (Insterticios del periodismo de investigación) radica en el cuestionamiento de las autoridades personales e institucionales que se protegen con un "halo de respeto y celebridad" que lleva al reportero a sentirse intimidado por la "verdad incólume" que estos actores representan para la sociedad. Acostumbrados a que los media perpetúen los prejuicios actuales, no caemos en la cuenta de que es demasiado larga la sombra de estos poderosos tras las informaciones diarias; que, lejos de ser individuos denunciados por sus irregularidades en la gestión pública, se imponen como propietarios de las informaciones.

Desde su cúspide, tienen el potencial de dominar los contenidos mediáticos más varios.

En este contexto, parece difícil encontrar verdaderos trabajos de investigación que saquen a la luz fraudes de personajes o instituciones respetadas. Y si no, que le pregunten a los profesionales de Ardi Beltza qué consecuencias les trajo la publicación de los negocios de la monarquía española.

5. Un negocio próspero

Dato para sospechar es el éxito que está teniendo la iniciativa televisiva de El Mundo, que desde el gran escándalo destapado en Miss España, y vendido a Antena 3, fue capaz de colocar sus producciones también en Telecinco

(esperamos la misma jugada de TVE con ansiada impaciencia, más que nada por eso del interés público).

Como todo mecanismo contra-poder, la investigación periodística no es capaz de generar ganancias económicas por sí misma (aún): vive de la autogestión del propio medio que apuesta por un grupo de periodistas a los que les suministra el material necesario, para después no encontrar grandes salidas porque la denuncia contra-informativa es demasiado arriesgada para el empresario mediático que la debe publicar definitivamente. Sumando además el riesgo del propio medio, que se expone a perder sus relaciones con las fuentes de Poder, y a alejarse de una audiencia que puede ser demasiado susceptible ante ciertos temas de consenso nacional. Demasiado riesgo junto para un periodismo que cada vez reniega más de una función social a la que iban expresamente ligados los auténticos y genuinos trabajos de investigación (si es que alguna vez se pudieron difundir de forma masiva...).

 

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