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x Ateneo Libertario de Sant Boi

Extraído del zine "LLetra A" Nº57
 

 

 
 
LA ANARQUIA QUE VIENE

Para mucha gente anarquía no significa mucho más que la estúpida
definición que nos da el diccionario. Para otros muchos, que ni lo miran,
ni tan siquiera eso: sólo caos y desorden, lo que les cuentan a través d
e los medios.
Sin embargo, experiencias de base anarquista o libertaria han existido en
numerosas ocasiones a lo largo y ancho de la historia de la humanidad. No
se puede decir que sea un invento exclusivo de los movimientos sociales
nacidos en el siglo XIX, si bien la Revolución Francesa influyó muy
directamente sobre todas las ideas de carácter social.
Pero. ¿Qué es la ANARQUÍA para los que, de alguna forma, nos sentimos
anarquistas o libertarios. Más que una ideología, con su catecismo
reglamentado, es una idea -"la idea"-, una forma de ver y entender la vida
y al ser humano en sociedad.
En otras filosofías de izquierda, tienen a la persona como un ser al
servicio de la sociedad, debiendo aquélla subyugarse a ésta (en bien del
"interés social" o de la "sociedad socialista"). Lo que cuenta son las
"masas" como un factor más dentro del tinglado político-económico. Por el
contrario, en la anarquía la persona es el centro sobre el que gira todo lo
colectivo, donde la organización social está hecha a su medida, porque es
la persona precisamente el patrón de medida de todas las cosas. Así pues,
es el sistema social en el que el individuo como tal alcanza el mayor grado
de libertad (individual y colectivo) que puede darse dentro de una
colectividad. Lo económico está en este caso al servicio de las personas y
no al contrario. La vieja frase "de cada uno, según sus posibilidades, a
cada uno, según sus necesidades", expresa bien la relación entre lo
individual y lo colectivo en una sociedad libertaria. Acorde con este
pensamiento se sitúa, también, una estructura básica en cuanto a la
organización que tiene la anarquía, en base a tres ideas principales, como
tres patas que le sirven de sustento y soporte: el Federalismo, la
Autogestión y la Solidaridad o Apoyo Mutuo.
· El Federalismo es la asociación horizontal de varios entes, en donde el
tratamiento de asuntos que les son propios a cada uno de ellos se hace
dentro de su propio ámbito, mientras que en asuntos comunes se hace de
forma conjunta e intentando siempre el consenso entre todos los asociados
de la federación. Esto supone la libertad para el tratamiento y la
resolución de los asuntos que puedan ser específicos a cada miembro o grupo
de la asociación.
· La Autogestión significa que la gestión de un problema, de una empresa,
de un grupo, etc., la llevan los propios interesados, sin delegar funciones
en otras personas u organismos ajenos a la cuestión de que se trate. Al
ejercicio práctico de la autogestión se le llama "acción directa". Es
decir, sin intermediarios de ningún tipo.
· La Solidaridad y Apoyo Mutuo es el deber moral de todos y cada uno de los
asociados de ayudar y prestar el apoyo que les pueda ser necesario en la
resolución de los problemas o necesidades que individualmente pueda tener
alguno de los miembros o grupos de la federación.
Este tipo de organización clásica de la anarquía, de llevarse
correctamente, significa básicamente la libertad individual de cada uno de
los miembros del grupo, el respeto y la tolerancia hacia las decisiones
ajenas, así como el respeto al derecho de las minorías dentro del grupo.
Mucho es lo que hablamos de épocas pasadas, de la Revolución del 36, sobre
todo del papel de la CNT y del Movimiento Libertario en general durante el
primer tercio de este siglo y en el periodo republicano, etc. Como también
son muchas las cosas que los anarquistas de antaño empezaron a reivindicar
y que hoy forman parte de la llamada "sociedad del bienestar" y están
perfectamente asumidas por toda la sociedad. Pero si bien hay una densa
historia en el pasado, no es menos cierto que el futuro se presenta a su
vez lleno de sombras y dudas. La ruptura generacional que supuso en nuestro
país la Guerra Civil y el largo exilio posterior, cuando no la muerte, de
miles y miles de militantes anarquistas ha hecho que, tras la muerte del
dictador, hayamos tenido que partir de nuevo, casi de cero, habiéndose
perdido toda una herencia de cultura revolucionaria que tardará mucho
tiempo en recuperarse y que, si alguna vez se consigue, deberá ser con el
esfuerzo conjunto de todos los anarquistas.
En tiempos pasados la CNT, como sindicato y, sobre todo, como una
organización de carácter integral, era el centro sobre el que giraba todo
un mundo y toda una cultura propia: la cultura obrera revolucionaria. La
CNT, junto a los ateneos libertarios, las escuelas racionalistas, escuelas
de militantes, etc., cada cual en su labor, y también con organizaciones
específicas como las JJ.LL. y la FAI e incluso Mujeres Libres contribuyeron
a la creación de esa cultura obrera y revolucionaria, paralela a la cultura
burguesa, que hizo posible que en un determinado momento de la historia se
pudiera llevar a cabo, de forma casi natural, la experiencia revolucionaria
más avanzada que se conoce en los tiempos modernos.
Sin embargo, en estos tiempos que corren, el sindicalismo ha dejado de ser
la panacea para las aspiraciones, no ya revolucionarias sino las que son
simplemente de carácter progresista. Hoy en día, el mundo del trabajo tiene
escasa capacidad para crear o captar mensajes emancipadores. La precariedad
laboral, con contratos temporales y sueldos de miseria, el miedo a no ser
renovado o a ser despedido, la imposibilidad de que el trabajador pueda
hacerse un proyecto de futuro, la falta de asentamiento de los trabajadores
en las propias empresas que todo ello produce, la movilidad y la
temporalidad, hace que las empresas no sean hoy las fraguas donde se forjan
las ideas y las prácticas revolucionarias, como ocurría en otros tiempos.
Si a ello añadimos los mensajes que machaconamente nos repiten los medios
de comunicación lanzándonos al consumismo más exacerbado y al
individualismo burgués, es evidente que, lejos de avanzar, cada día que
pasa estamos infinitamente más atrás que el anterior.
Así pues, si el anarcosindicalismo (CNT y CGT, juntas o por separado) no
puede ejercer hoy el papel central que ejerció en épocas pasadas, hay que
buscar otras alternativas que nos hagan ver, por lo menos, un punto de luz
en ese negro e incierto horizonte que tenemos ahí mismo: el siglo XXI.
Entonces, sin necesidad de abandonar la lucha sindical, es en los aspectos
sociales y culturales donde deberíamos dar la principal batalla y poner el
mayor empeño. Claro está que todo esto necesitaría de un amplio y
generalizado debate en todos los ámbitos y entre todos los que nos decimos
libertarios, al margen de otras consideraciones. No obstante, ahí van
algunas ideas por si pueden servir como punto de partida, con el ánimo de
ser generadoras de diálogo, entrando incluso en algunos terrenos que quizá
puedan resultar en un principio un tanto resbaladizos, pero que en
definitiva son los que más debate generan, y, por tanto, esperando que de
él salgan muchas más ideas que sirvan para poder avanzar por este duro y
pedregoso camino de la emancipación de las clases más desfavorecidas.

Acción Cultural

En primer lugar, sería importante y necesario tratar de recuperar la
cultura y el conocimiento que, como se decía más arriba, se ha perdido por
la falta de esa generación que debería haber hecho de puente entre abuelos
y nietos y que fue salvajemente acallada con la represión. Así pues, los
Ateneos Libertarios deberían ser los centros en los que se hablara y
debatiera, entre otras cosas, sobre temas de filosofía y ética libertaria,
sociología y psicología de las masas, economía libertaria, historia social,
etc., así como de todas aquellas cuestiones que puedan ser de interés
social en un determinado momento. Y en ese sentido, debería ser de los
Ateneos Libertarios de donde saliera una militancia socialmente
comprometida, con capacidad de análisis social, y en donde se fomentase el
espíritu crítico.

Acción Social

Hoy en día hay movimientos sociales que son asimilables a la filosofía
anarquista tradicional, tales como la okupación, la insumisión, el
antimilitarismo, el ecologismo... Deberíamos tener mucho más contacto con
todos esos colectivos, pues la base y los cimientos ideológicos de estos
movimientos son básicamente los mismos que los de la anarquía. No se trata
de imposición ni control, sino todo lo contrario: de darles más apoyo, más
vida; ayudarlos y potenciarlos en todo lo que sea posible, buscando la
colaboración mutua en todo aquello que sea posible.

Acción Económica

Si bien sería el sindicato el que normalmente debería organizar la
actividad económica y productiva en una revolución social, en tanto no
llega esto (dados los problemas que afectan hoy al sindicalismo y al mundo
del trabajo, como se decía más arriba) hay que buscar otras formas -sin
dejar por ello de actuar sindicalmente- de desarrollar una actividad
económica autogestionada, si no al margen de lo "oficial", cosa harto
difícil en la sociedad actual, sí, por lo menos, de forma "paralela".
Podría ser interesante la creación de una red de pequeñas cooperativas
(luego ya crecerían) asociadas entre sí, federadas. Una red en la que, por
lo menos al principio, se buscase más su crecimiento horizontal que
vertical. Es decir, que sean muchas, que crezcan como setas, por todas
partes, pero que no sean tan grandes que pueden alertar a los capitalistas
antes de tiempo, antes de que estén mínimamente asentadas y las ahoguen
económicamente.

Acción Política

Cuando se habla de acción política en nuestros ambientes, aunque sea a
pequeña escala, nunca ha faltado la polémica en el debate. Pero, con las
experiencias que a través de la historia se han dado, no sería
desaconsejable, en los tiempos que corren, un debate sobre actividades
socio-políticas en el ámbito municipal. Y esto en dos vertientes:
1.- Hay asociaciones ya creadas desde las que se podría realizar una labor
positiva: las asociaciones de vecinos. Hoy en día, la mayoría de estas
asociaciones están en una situación lamentable. Unas por falta de actividad
y de personas que se comprometan a hacerlas funcionar y otras porque están
dominadas por intereses políticos de partido y sirven exclusivamente a los
grupos políticos municipales de turno, o de lanzadera de arribistas y
trepas hacia puestos políticos de más altura. En cualquier caso, sirven de
bien poco a los vecinos del barrio. Hay, claro, asociaciones que funcionan
bien, pero que suelen ser la excepción que confirma la regla. Sin embargo,
la mayoría son incapaces de plantear luchas sociales por cosas concretas y
,
mucho menos, por programas de carácter más general. Y podría ser desde
aquí, si de forma organizada empezáramos a actuar desde dentro de estas AAVV,
desde donde se podría ejercer una labor social, cultural y
reivindicativa con más medios y, posiblemente, con más audiencia de los que
habitualmente disponemos.
2.- Otro nivel de participación, aunque quizá algo más complicado, podría
ser la participación más directa en los asuntos municipales, implicándonos
en los ayuntamientos a través de plataformas ciudadanas (o similares) no
adscritas a partidos políticos, con programas claros y una estructura
asamblearia, no burocratizada, acorde con nuestros principios libertarios;
actuando de forma coordinada con otros municipios vecinos y yendo, de
alguna manera, en la dirección de una especie de federación o confederación
de municipios libres, tantas veces mentada en algunos medios del Movimiento
Libertario, o algo de carácter similar.
Bien, todas estas cosas no tratan de ser unas propuestas concretas, sino
que, a la vista de los tiempos que corren, del empuje del capitalismo y su
política de avasallamiento de los social y económicamente más
desfavorecidos, y de la dejadez (por no decir otra cosa) de todos esos que
se dicen de "izquierdas", pretenden ser algo sobre lo que se genere un
debate profundo pero sereno sobre el porvenir del M.L., algo de donde
salgan alternativas y nuevos proyectos que dinamicen el pensamiento
anarquista -y de los anarquistas-, si no queremos vernos abocados a la
marginalidad más absoluta.
En el resto de Europa, tras la I Guerra Mundial (1914-17) se acabó
prácticamente con todo el movimiento libertario organizado. Aquí,
posiblemente al no haber entrado en uno de los bandos contendientes y a
pesar de todos los avatares de nuestra dramática historia, o por nuestra
propia forma de ser, todavía queda algo de ese germen de rebeldía que
llevamos dentro. Esperemos que el inicio del próximo milenio no acabe con
eso. En nuestras manos está el lanzarnos de cabeza a la historia o verla
pasar como una apisonadora sobre nuestras vidas.

x Ateneo Libertario de Sant Boi