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Origen de la noticia: Gara

 

Quito, bajo el volcan (Despertó el Reventador)

 

Las escuelas permanecen cerradas y los puestos de trabajo vacíos. El volcán Reventador se ha despertado tras 26 años de letargo y sus cenizas han cubierto Quito. Se ha declarado estado de emergencia en las zonas afectadas y se aconseja a los quiteños que no salgan de sus casas. El volcán continúa echando bocanadas de humo, y mientras unos acuden a las farmacias en busca de mascarillas, otros, ayudados de mangueras, intentan que la ceniza regrese a la tierra. Amaia EREÑAGA | QUITO

Aqué es debido tanto polvo?», preguntaba una automovilista en el peaje de entrada a Quito, en la mítica Panamericana. «Despertó el Reventador», le respondieron. La tormenta de ceniza volcánica cubre ahora la capital ecuatoriana y sus aledaños.

Nadie se lo esperaba, pero el volcán Reventador (3.562 metros) se despertó a las 7 de la mañana del pasado domingo (una del mediodía en Euskal Herria) y pilló de imprevisto a Quito con una tormenta de ceniza volcánica que ha desbaratado la actividad de la capital ecuatoriana.

Quito amaneció ayer cubierta de una capa parduzca, casi como si de un paisaje lunar se tratara, prácticamente sin circulación en las calles, con la actividad laboral y escolar paralizada y la incógnita de cuánto durará el proceso eruptivo del volcán, pero esto, en realidad, acaba de empezar.

La tormenta de ceniza volcánica llegó el domingo en forma de tormenta negra y convirtió literalmente el día en noche. Lo que hoy se continúa respirando es polvo suspendido en el aire, polvo depositado en los coches, en el aeropuerto, polvo que obliga a encerrarse en sus casas a las personas con peligro de sufrir problemas respirat orios y a taparse con mascarillas a quienes se lanzan a la calle.

La situación no es nueva para los ecuatorianos, no en vano habitan el país con el mayor número de volcanes del mundo, pero la erupción del Reventador ha sido una de las más importantes de las últimas décadas. Y todavía no se conoce su alcance real, porque se prevé que el despertar de volcán pueda prolongarse durante una semana. Esta misma madrugada, otra nueva columna de ceniza volcánica salía de su boca.

El puente festivo del 1 de noviembre estuvo movidito en Ecuador. El viernes, por primera vez, se había declarado festivo bajo la denominación de Día del Turista, con lo que se enlazaba un largo fin de semana en el que unos se lanzaban a la carretera en dirección a las playas de la costa, mientras que otros, los indígenas, celebraban el día 2 uno de sus jornadas más religiosas y festivas al mismo tiempo, el Día de los Difuntos.

Indígenas procedentes de toda Latinoamérica habían ocupado días antes la capital ecuatoriana en los actos de protesta por los encuentros del ALCA (Asociación de Libre Comercio de las Américas). Y la madrugada del domingo, como si de una señal de los antiguos dioses incas se tratara, en el corzón de la selva el volcán Reventador se despertó lanzando una nube de ceniza volcánica que ascendió hasta 15 kilómetros por encima de su cima.

Cumplía así su propio ciclo de unas 3 o 4 erupciones por siglo (la última fue en 1976), pero no estaba supervisado por los servicios geodésicos debido a su ubicación tan alejada de los núcleos habitados, allá perdido en la selva. Pero el corazón del volcán soltó su primera advertencia y la nube de ceniza (disuelta en su parte superior por las capas más altas de aire, pero no en su parte baja) se dispersó siguiendo también el ciclo natural de los vientos. Y estos se lanzaron hacia Quito, a sólo unos cien kilómetros de distancia geográfica en línea recta. A las 10 de la mañana, la nube de polvo cubría 200 kilómetros de largo y 120 metros de ancho y sobrepasaba el volcán Cayambe, para seguir su rumbo hacia la capital y sus aledaños.

Pese que había algunas señales de lo que se cernía, como que el aeropuerto se había cerrado a las 11 de la mañana, el país continuaba en la más absoluta ignorancia sobre lo que sucedía. Sobre las 5 de la tarde se disputaba un partido de fútbol de ésos que provocan pasiones, retransmitido por las distintas televisiones.

Las radios y la nube que oscureció la tarde de pronto fueron los primeros en dar el aviso. Luego llegó el polvo, un polvo que caía produciendo una sensación parecida a la de una cerrada tormenta de nieve, sólo que en lugar de copos blancos lo que caía eran cenizas marrones, volcánicas, que lo tapaban todo.

La sensación térmica también había cambiado y del aire fresco que se disfrutaba en este principio de invierno se pasó a un calor asfixiante. El polvo y el olor a azufre lo invadían todo.

La "operación retorno" se convirtió por una vez en un desastre organizado, con los guardias de tráfico que parecían apariciones con mascarilla, vehículos estropeados en la cuneta por el polvo que obstruía los filtros de aire, las salidas de Quito cerradas, cuatro carriles espontáneos donde antes sólo había uno, picor de ojosŠ

Ayer la ciudad comenzaba a limpiar sus calles de ceniza y a avituallarse de agua en previsión de lo que pase en las próximas horas. Nada funciona, todo está paralizado. El Reventador continúa su ciclo. -
 

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